06/12/2012
Las Conchas , Corralito, El Paso fueron puntos neurálgicos de antiguos caminos de carros y herraduras. Forman parte de las localidades que tuvieron enorme importancia en los siglos pasados, ya que en ellas existían fondas o postas, potreros de alfalfa, corrales y una importante cantidad de personas vinculadas a este tipo de actividad como herreros, talabarteros, carpinteros, reparadores de carros, cocineras y tejedoras.
Antiguas e importantes casonas de adobes colorados, muchas abandonadas y en ruinas, aún cuentan las viejas historias de tropas de hasta 35 o 40 pesados carros de dos ruedas que pasaban por allí, columnas alineadas de una en una, con cientos de mulas que tiraban incansablemente.
EMPRENDIMIENTO...LA ELVIRA
Y en medio del enorme polvaredas, los gritos, las voces de hombres rústicos, de campo, diestros e incansables, expertos en el manejo de carruajes y animales, los que pasaban la mayor parte de sus vidas viajando.
Todo ese mundo se durmió cuando los primeros camiones y automóviles llegaron a la zona y sobretodo una vez trazada la ruta 68, actual vía de comunicación entre Salta y Cafayate.
Por aquellos años del 1800, Talapampa primero luego Alemanía eran puntas de riel, allí se dirigían las tropas de carros llevando los productos que se realizaban en los valles y trayendo encargues de todo tipo, desde la correspondencia, a trajes de novias, libros, pianos, santos, etc.
Los viajes desde talapampa hasta Cafayate o hasta San Carlos, tardaban entre 15 a 20 días y se recorrían en jornadas de 20 km. Trascurrida una jornada los viajeros que se desplazaban en diligencias y los troperos con sus carros y mulas se disponían a descansar en las postas.
Postas o fondas dentro de la región eran Quitilipi, Las Curtiembres, Las Abritas, Morales, Tres Cruces, Santa Bárbara, El Paso y Las Conchas. En El Paso se separaban las columnas de carros que se dirigían a San Carlos por Corralito, de las que seguían para Cafayate por Las Conchas.
Los viajes se efectuaban desde abril a Diciembre y se cruzaba el río más de cincuenta veces. Las postas contaban con una gran cantidad de potreros alfalfados, los cuales aún se encuentran en la zona, donde los animales eran conducidos para descansar y alimentarse y dentro de las casonas con galerías, se disponían los mesones para la hambrienta tropa, entre los que se encontraban los baquianos, el marucho, los cocineros, el jefe de la tropa, el capataz, los conductores de carros y los ayudantes. Luego de las 21 hs todos se acostaban a dormir sobre las monturas, peleros, aperos y pullos en la misma galería o bajo los carros.
Las postas eran lugares rústicos, construidos de adobes, techos de ramas y barro, carpintería de puertas, ventanas y horcones hechas a azuela artesanalmente. El piso de tierra apisonada y rociada para evitar el polvo. Contaban con un amplio comedor, gran cocina con fogón y pátina por cocinar a fuego directo. Habitaciones con catres de tiento y colchón de lana de oveja; sillas de tiento y madera y una mesa con la tradicional palangana y jarra (aguamanil) para lavarse manos y cara. La iluminación era con velas de cebo y alguna lámpara de aceite o petróleo. Rodeaba la posta una galería para sombra, finalizando con un segundo patio en donde se alineaban, en sus costados las habitaciones de servicio, del encargado y personal fijo.
Cuenta la tradición oral, que diligencias, arrieros y pequeños troperos iban siempre armados ya que por el camino no faltaba encontrarse con cuatreros y salteadores de caminos.
Dicen los viejos que el arroyo Don Bartolo, unos de los tantos que había que cruzar, lleva su nombre debido a un famoso asaltante que dejaba maltrechos y sin un centavo a los que atacaba. Un grupo de jinetes al mando de Bartolo que poseía su guarida en ese sitio, en las cuevas naturales del arroyo.
Cuenta también la tradición oral sobre la existencia de un gran tesoro. El tesoro del Zorrito. Historias que desvelaban a los rústicos hombres de aquellos tiempos. Siete cargas de oro y siete cargas de plata enterradas por los Jesuitas. Un tesoro, aún no descubierto y buscado afanosamente. Dicen los viejos que las cargas eran transportadas por indios, los que fueron asesinados por los sacerdotes ,una vez enterradas.
Dicen que hay un derrotero, un mapa, que marca la ubicación exacta, muchos buscadores afanosos y soñadores compraron viejos derroteros falsos, empeñándose en búsquedas inútiles. Se dice que es un tesoro que esta en encantamiento, que no es para cualquiera, sólo puede ser desenterrado por un corajudo, un elegido.
Los antiguos indios, contaban también, que el Zorrito es una piedra ubicada sobre la cumbre de la cadena montañosa. Él ha sido convertido en piedra por la Madre del Viento (Huayra Lloqsina), ya que intentaba comerse a la luna ( Mama Quilla).
Nadie debe acercarse al zorrito convertido en piedra, ya que si lo intenta será castigado y tirado a los precipicios por la Madre del Viento.
Dentro del cerro, en su corazón, se encuentra la casa de la Madre Huayra Lloqsina, en su cueva hay un gran tapado de oro, ya que la madre guarda los metales en las entrañas de la tierra.