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03/07/2016
07/04/2016

Mediado el siglo XVIII se empieza a notar el agotamiento del Barroco. La ley del cansancio de las formas y la evolución de las líneas trenzadas se ponen nuevamente de manifiesto con la aparición de un nuevo periodo artístico: EL Neoclasicismo. Se estaba gestando un nuevo renacimiento, ¿pero de qué? De la arquitectura romana se había extraído ya casi toda la savia en el Renacimiento y el Barroco. Había que beber en las fuentes mismas del arte romano: Grecia, Etruria, Egipto y el Oriente.
El cambio se opera primeramente en países que, como Francia e Italia, habían iniciado desde comienzos de siglo el sosegamiento de las formas. Inglaterra no preciso cambio alguno. Las dos naciones más persistentes en el espíritu barroco fueron España y Alemania.
Numerosas circunstancias favorecen el estallido del neoclasicismo. Los secretos de la vida y del arte romanos se desvelan ampliamente a causa del descubrimiento de Herculano y Pompeya, las ciudades sepultadas vivas por las cenizas del Vesuvio, descubrimientos que darán lugar al nacimiento de una nueva ciencia, la Arqueología. Diversas publicaciones dieron enseguida a conocer el resultado de las excavaciones. Este fue el comienzo. Pero el explorador quería conocer lo que hubo antes de los tiempos de Roma. Etruria, ya había sido explorada entre las excavaciones de Herculano (1719) y Pompeya (1748). Robert Adam después de su largo viaje por Italia difunde la ornamentación pompeyana, egipcia y etrusca. Otros investigadores llegan a Grecia y al Oriente Próximo, publicando igualmente el resultado de sus exploraciones. De esta manera, mediante bibliografía abundante, se formaba un clima necesario para el arraigo del neoclasicismo. Al mismo tiempo que un nuevo movimiento artístico, nacía la Historia del Arte con Winckelman, al publicar en 1764 la obra que se cree primer pilar de las historias del arte futuras. También Lessing publicaba en 1764 su Laoconte, donde se entrega a un ensayo de la estética. Así surgen técnicas históricas nuevas, cuales las excavaciones, confrontándose los descubrimientos con las noticias de procedencia literaria. Estos tratadistas preconizan el ideal griego como punto de partida de toda belleza. Grecia ocupa un pedestal sagrado y ella es, mucho más que Roma, la inspiradora del Neoclasicismo. Triunfó ahora el orden dórico griego, con fuste acanalado; el templo es imitado no solo en iglesias si no en toda clase de monumentos públicos. La base de la arquitectura neoclásica es la columna. Como en los buenos tiempos de Grecia, los frontones se rellenan con estatuas. Predomino la imitación por encima de la invención, estando convencidos de la superioridad del arte helénico. El Renacimiento y el Barroco fueron, al contrario, infinitamente mas fecundos e innovadores.
Con el Neoclasicismo entramos en los tiempos actuales. Se origina ahora la primera polémica artística, en la que los periódicos –recién nacidos- y las revistas científicas desempeñaron el principal medio de información y difusión de las inquietudes y problemas. El arte ocupa ahora un papel semejante a la política. Se discute apasionadamente. Surge el Neoclasicismo como un movimiento de protesta contra el barroco, al que se le endosan las más afrentosas acusaciones. En el fondo era la lucha de los librepensadores e intelectuales contra la aristocracia de empolvadas pelucas, acostumbrada a vivir los placeres del rococó. Por eso la Revolución Francesa se unió a la causa del Neoclasicismo.
El neoclasicismo tiene su epicentro en Francia, país que sucede a Italia en el papel de cuna de los movimientos artísticos. Francia, por obra de sus literatos, políticos y artistas, atrae la atención del mundo. Al rococó de Luís XV sucede en Francia el estilo Luís XVI, cuya decoración está compuesta de temas clásicos y renacentistas tratados con gran sobriedad.
Durante el siglo XVIII, en Francia, el papel representado por la mujer adquiere caracteres realmente extraordinarios. Las damas difunden su encanto en dicha época del mismo modo que en la de Luís XIV predomino la grandeza. Son ellas quienes gobiernan el mundo del arte, quienes ofrecen su patronazgo a los artistas y quienes protegen al artesano. Se crean abundantes obras de carácter utilitario encaminadas a la comodidad y el bienestar. Es una época feliz y a la misma corresponde un acrecentamiento del lujo, tanto en Francia como en el resto de Europa.
La moda, que tan pronto se inclina a la exageración como al contraste, impone un nuevo estilo cada quince o veinte años. En el transcurso del siglo XVIII se suceden intercalándose, los estilos que actualmente llamamos Regencia, Luís XV, Luís XVI, y Directorio.
Hacia 1765 las formas curvadas y los movidos adornos de los muebles parisienses de estilo Luís XV toman un aspecto mas reposado, y son poco después sustituidos por muebles de contornos y divisiones rectilíneos. Así comienza el estilo Luís XVI, que llega a su mayor esplendor en el reinado de este monarca (1774/1789). El rasgo característico de los muebles de este estilo es su estructura constructiva, con apoyos verticales perfectamente definidos y molduras horizontales. Al paso que en una cómoda, en una mesa de despacho o en un sillón Luís XV las patas son curvadas y su enlace con el cuerpo del mueble se disimula, en cierto modo, por continuación de la curvatura en el faldón del mueble, de suerte que este parezca modelado plásticamente de una pieza, el ebanista del estilo Luís XVI tiene interés en que los apoyos – patas- se diferencien claramente en su función de tales, estos apoyos son de sección cuadrada, poligonal o circular, adelgazados hacia abajo; están caracterizados por arriba como elementos sustentantes del mueble por una cornisa, un capitel o una pieza cuadrangular y terminan en pies separados, que expresan su firmeza. Estrías y acanaladuras acentúan el efecto vertical del fuste, Esta idea se aplica a las pilastras y los recuadros; por doquier reina el Angulo recto. En los frentes de los escritorios y cómodas se construyen los recuadros de los paneles y de los cajones en forma rectangular o cuadrada.
En sus primeros tiempos, el estilo neoclásico está aún muy relacionado, en su sensibilidad y su técnica, con el estilo Luís XV. Hasta fines del siglo XVIII, el arte del mueble sigue enlazado a la mejor tradición artística de la generación anterior.
Entre las causas que favorecen la expansión del arte del mueble durante la mencionada época, no hay que olvidar la vieja organización profesional que se perpetua en Francia hasta 1790, y que llevaría a este arte industrial a la perfección técnica. La corporación de ebanistas de Paris, para defender su status de profesionales ya establecidos, y con el fin de luchar contra la competencia de los obreros independientes y quizás menos diestros en su oficio, empezó a utilizar las marcas de maestría, mediante las que defender sus privilegios. Una disposición fechada en 1741 obligaba al maestro a imprimir su marca sobre todo mueble salido de su taller, y caso de no hacerlo, se le condenaba a pagar una multa.
El mueble, técnicamente, es perfecto; a los ensambles de caja y espiga, de lengüeta, de cola de milano o golondrina, siguen variaciones mas complicadas por la calidad de la obra y el avance de la técnica; por ejemplo: el mixto de inglete y espiga, las espigas bastardas o de pico de flauta, aprovechando para ello las mismas líneas decorativas o disimulándoles por la juntas.
Los maestros eran a la vez propietarios de grandes industrias de muebles y decoración. Las estampillas que se ven en los muebles no siempre indican quien los construyo; a veces, están puestas por los industriales, en muebles construidos por otros.

Los fabricantes de muebles forman largas dinastías gremiales en el transcurso del siglo XVIII, y con frecuencia se hace difícil distinguir entre el abuelo y el nieto, el hermano y el primo. Así ocurre con los Tilliard, los Foliot, ebanistas de la corona durante Luís XV, los Gourdin. Los Lelarge, los Cresson, etc., y los Georges Jacob, este último tan famoso durante el reinado de Luís XVI.
La transición del ultimo rococó al estilo Luís XVI esta representada, mejor que en ninguna otra parte, en las primeras obras de Riesener construidas hacia 1770. Los buró de caoba con tapa cilíndrica y las cómodas con marquetería, de esta primera manera de Riesener, tienen aún las patas y los faldones ligeramente curvados, como puede verse en el Buró del Rey , que comenzó Oeben en 1760 y continuo a la muerte de este su sucesor Riesener, quien lo termino en 1769. También en las aplicaciones de bronce en los ángulos y en las patas de este mueble se observan las líneas curvas y el movimiento plástico de la última época del estilo Luís XV, si bien ya atenuados.
Las superficies planas o ligeramente curvadas de los cuerpos de los muebles y algunos recuadros y frisos rectilíneos, como también las cintas enrolladas, indican un alejamiento de las tendencias del estilo Luís XV.
Al subir al trono Luís XVI, ya se han generalizado los principios del nuevo estilo, en el cual son característicos los muebles de la segunda manera de Riesener. Las cómodas, las mesas de despacho, los burós de señora y los secreteres están limitados por superficies planas, con cornisas, recuadros y patas rectilíneos. Las aplicaciones de bronce quedan reducidas a los soportes, las divisiones y los recuadros, e imitan en sus perfiles a los modelos clásicos. Los meandros, las guirnaldas de flores, los ramos de laurel, las hojas de acanto, los lazos y las rosetas constituyen la base de la ornamentación. En los muebles de más lujo son frecuentes las placas cuadradas u ovales en relieve, de bronce dorado al fuego, en el centro de los paneles, suspendidas de lazos.
Numerosos elementos decorativos definen el mueble Luís XVI; pero como el cambio no es brusco, y los artistas son los mismos que los de los últimos tiempos de Luís XV, hay muebles que parecen aun de esa época. La marquetería es, o bien geométrica, como los peculiares rombos, o de centros de flores. El oro ya no aparece más que en filetes o motivos decorativos aislados, y, en cambio, surge una nueva moda con el mueble pintado. La ornamentación que nace sustituye a la rococó con los capiteles clásicos, sobre todo jónicos, y los repetidos motivos de hojas de laurel y encina, las ovas griegas, frutas, hojas de acanto y perlas. También son temas de este estilo las telas muy plegadas, los medallones y las cintas agrupadas y rizadas con lazos, los baquetones estriados, cogidos con cintas cruzadas en forma de “X”. Otro motivo muy utilizado es la roseta redonda ó rectangular en el fondo de un rectángulo; va generalmente tallada en la madera y dorada, o superpuesta y en bronce, se sitúa en el prisma cuadrado que une los faldones horizontales, donde corren grecas y molduras clásicas, con las patas, o en la unión de pilastras con elementos estructurales en horizontal.
Poco a poco la ornamentación se vuelve rígida, equilibrada y simétrica, con predominio de los ángulos rectos. Las guirnaldas ya no tienen el alegre dinamismo desordenado de Luís XV, si no una seriedad , casi exenta de flexibilidad, que acusa mejor las nuevas normas académicas. Siguen los temas pastorales como el carjac de flechas, los nidos de pájaros , las flores, las palomas y los amorcillos, todos ellos entrelazados con instrumentos musicales, cuernos de la abundancia y cabezas de carnero, reunidos en grupos, medallones circulares u ovales y cogidos y festoneados con la clásica cinta, plegada y enlazada. Se usan mucho también los motivos de fauna, como los delfines y águilas alegóricos de las casas reales, y las esfinges, leones, etc. El bronce se emplea para acusar la ornamentación por su calidad y colorido, elementos muy típicos de metal son las galerías de balaustres o de calados que circundan la parte superior de los muebles, secreteres, burós y chiffonniers.
Las medias canaladuras y estrías que corren a lo largo de las patas y pilastras son otro elemento muy generalizado, así como los bordones dorados o de bronce colocados en el fondo de las estría.
También se construyeron en estilo Luís XVI muebles acabados en laca negra y dorada con aplicaciones de bronces dorados, al final del siglo XVIII, algunos de ellos con taraceas de piedras duras, muebles que son muy característicos de Adam Weisweiler
Hacia 1770 aparece en Francia la caoba, y desde ese momento se hace insustituible. Por otra parte el uso de maderas exóticas en chapeados se generaliza y extiende. Se chapea con Sapely, palmas de Caoba, Palo de rosa, Palosanto, y “Bois de Roi”, por ejemplo. Los cantos oscuros de las tapas o grandes planos van en Tuya, Palosanto y Ébano; en filetes, las maderas claras y rosadas, y en los centros grupos de marqueterías de flores, o con dibujos geométricos. Los muebles de Riesener se distinguen por sus marqueterías.
Los delicados muebles de señora llevan este estilo placas de porcelana de Sevres decoradas con motivos florales, relieves en “biscuit” de la misma fábrica, blancos sobre fondo azul, o de porcelana de Wedgwood.
Por otra parte al final del estilo Luís XVI se vuelve a la marquetería tipo de Boulle en co**ha de carey y latón, con fondos chapeados en ébano, en las cómodas, armarios de consola y credencias de lujo. Muchas veces es difícil distinguir si un mueble es de estilo Boulle es Luís XIV o Luís XVI.
Por sus contornos rectilíneos y sus bronces imitados de los clásicos, el estilo Luís XVI se aproxima mucho al estilo Luís XIV. Lo mismo que con respecto a la época anterior, nos es imposible en la que se refiere a ésta, entrar en pormenores sobre los rasgos personales de cada artista, pues el número de estos llega a ser mayor que nunca. Al lado de Riesener, los mas famosos son Beneman, Leleu, Roussel, Carlin, Roentgen, Cressent, Guilles, Dubois, Weisweiler, Schwerdfeger, Boudin y Jacob.
Interesa también observar que aunque muchos de estos artistas son alemanes, los arquitectos, decoradores y dibujantes que los diseñan son franceses, por eso el mueble no pierde su carácter francés y los modelos son perfectos, puros de líneas, de equilibrio y proporción.
Las camas se colocan en los grandes salones, bien de frente, bien de costado, en nichos especiales o en alcobas separadas por balaustres, y sus doseles se llaman según su importancia, ‘a la duquesa’, ‘a la corona’, ‘a la polonesa’, ‘a la turca’ etc. Siempre llevan las maderas vistas, que siluetean las tapicerías, o la rejilla, de la cabecera y del pie, muy parecidas en línea a los respaldos de las sillas, estas cabeceras están entre columnas estriadas, los copetes suelen ser rectos, de arcos rebajados y, sobre todo, con la forma llamada “chapeaux”, recto en el centro y con dos cuartos de circunferencia en los extremos.
Por entonces se crean numerosos y múltiples muebles de delicadas proporciones para los gabinetes de las señoras elegantes, al frente de las cuales figura la reina Maria Antonieta. El más importante es el secreter, de tipo alargado en sentido vertical y forma cuadrangular, con una puerta abatible que sirve de escritorio. Pequeños y grandes burós así como los joyeros. Las cómodas severas y majestuosas, reciben a veces como aditamentos estanterías laterales redondeadas. La mesa pequeña de escribir para señora llamada “bonheur du jour”, así como la máxima delicadeza se manifiesta en los pequeños costureros redondos, generalmente de tres patas, con entrepaños entre ellas, también son corrientes las mesas con estantes superpuestos, y los “gueridon” pequeña mesita portaluz.
Las antiguas mesas-tocador que no eran mas que simples mesas de madera cubiertas de tela, “toilette, de ahí su nombre, son sustituidas por verdaderas mesas de tocador. Estas “poudreusses” - muebles donde se empolvaban las pelucas-, y “toilettes” -muebles donde se maquillaban y guardaban los perfumes-, eran de patas finas torneadas tienen a veces los apoyos en forma de lira. Al fin del siglo XVIII se da gran importancia a este mueble que lleva un espejo, el cual se abate y desaparece en la tapa de la mesa.
Entre los ejemplares más finos y delicados están los celebres “chiffonniers” de Saunier.
Las mesas y los muebles de asiento se combinan con los revestimientos murales “boisseries” ornamentados con tallas de bajorrelieve, que es dorada o pintada en laca blanca.
Como mueble más representativo del estilo estaría el armario de joyas de Maria Antonieta, de Versalles, realizado por el artista alemán Schwerdfeger, que es de los últimos del estilo Luís XVI, mueble al que se puede considerar como una obra de arte mayor al mismo nivel que cualquiera de las obras de Arquitectura, Pintura o Escultura de su momento.
Dentro del reino del mueble, el estudio de la sillería es sin duda el más interesante y variado.
Renunciando al afán de grandeza del siglo precedente, se reducen los sillones y sillas a la talla de los usuarios, personas que ante todo profesan un gusto profundo hacia la vida de sociedad y a los goces que la misma procura. La solemnidad del salón con asientos alineados a lo largo de los muros ha pasado de moda; el deseo de comodidad los retira de allí para agruparlos de manera más intima y acogedora. Las reuniones requieren una sillería manejable y ligera, fáciles de mover y a la que colocar sin etiqueta, siguiendo sus propias afinidades.
En esta sociedad epicúrea, los sillones son francamente cómodos; las patas se acortan; los respaldos se curvan para acoger mejor la forma del cuerpo; en ellos se puede soñar, tenderse e incluso dormir en las mullidas “bergères”. Las “chaises longues” las “duchesses” y las “veilleuses” han sido creadas para las damas perezosas y de temperamento apoltronado.
Una transformación importante, íntimamente relacionada con la moda femenina, es la de que los brazos de algunos sillones se colocan a mayor amplitud al tiempo que los respaldos retroceden. Las mujeres llevaban enormes miriñaques; para dejar espacio a los mismos y a las faldas que los recubrían hubo que echar atrás los soportes de los brazos del sillón (morcillo) haciéndolos descansar sobre el faldón de costado, en vez de ser continuidad de la parta delantera.
Con el nombre de “meuble de cabinet” se designan sillas, sillones, un canapé y un biombo, conjunto que forma el mobiliario tipo. El sillón aún conserva algo de la pomposa ceremoniosa de otros tiempos; con frecuencia solo se colocan uno o dos por habitación, número que a mitad de siglo tiende a aumentar. El “fauteuil à la Reine” tiene un largo respaldo plano; el otro modelo llamado en “cabriolet”, pequeño asiento de tocador que suele verse en los aposentos de las jóvenes, ligero y cómodo, de forma algo envolvente, fue creado alrededor de 1750. Los ebanistas especializados en sillería crean además el “fauteuil de cabinet” o sillón de despacho, el “fauteuil à poudrer” o “fauteuil a coiffer” de respaldo bajo y escotado para dejar libre la cabeza, la “voyeuse” silla para juego que permite sentarse a horcajadas apoyando los brazos sobre el respaldo a fin de seguir mejor la partida. Los muebles que quizás han expresado de manera mas clara el espíritu frívolo de una época tan amante del placer, son los grandes asientos: “chaises longues”, “duchesses” y sofás, que forman parte del cuadro de la vida intima de aquel siglo galante y libertino. Más amplios que la “bergère”, algo mas cortos que la cama de reposo, unen la gracia de la primera a la comodidad de la segunda y son sobre todo, adecuadísimos para la actitud galante y graciosa.
La “chaise longue” es en realidad una poltrona cuya parte anterior se ha prolongado; si este alargamiento termina en otro pequeño respaldo se llama “duchesse”. Impera en esta época el canapé, cuyas formas se multiplican siempre en busca de una mayor comodidad. Los sofás no se diferencian de los canapés salvo en que el tapizado de sus brazos forma un solo cuerpo con el resto, igual que en las poltronas.
En la sillería se suele utilizar la madera de nogal y de haya, si bien empieza a utilizarse la caoba, algunas maderas conservan su color natural o son simplemente enceradas; pero la mayoría se pintan o doran, la madera de trabaja de tal forma que los fondos aparecen claros, haciendo destacar las molduras y las tallas de un tono mas oscuro. Los colores siguen siendo violentos – rojo con filetes dorados o amarillo limón con filetes rojos- pero con frecuencia se pintan al natural florerillas vivaces sobre fondo verde claro, gris o crema, el barniz se emplea también para barnizar con laca. Pronto se trata de crear una armonía entre el color de la madera y el tapizado o la pintura del revestimiento. En los interiores lujosos se dora la madera igual que en tiempos de Luís XIV y XV, a veces se platea. Son pocos los sillones que han conservado el decorado primitivo. Por aquella época, la tapicería es aun rara y solo se emplea excepcionalmente, la manufactura de Beauvais teje tapicerías de colores claros con destino a la sillería; los temas siguen siendo florales, pero se sigue empleando la seda. La tela mas apreciada es el damasco, de precio tan alto que con frecuencia el de la madera parece irrisorio en comparación. Una variedad de tafetán, “el gros de Tours” queda reservado para muebles estivales, y lo mismo el “pekin”, especie de seda con rayado vertical, pintada con flores policromas, acompañadas de motivos campestres. Por otra parte, toda una categoría de sillones mas sencillos tienen el asiento y el respaldo en rejilla, las sillas y sillones populares tienen los asientos de anea.
La afición a la arqueología influye en el estilo, los ornamentos copiados del arte clasico como ovas, acantos y medallones dan a todo un aire helénico, pero el estilo nada tiene de griego, si no que esta compuesto de elementos tomados a los monumentos mas dispares del pasado clásico –tanto griego como romano- . Por lo que al mobiliario concierne, la interpretación de lo antiguo es totalmente libre y se encuentra muy alejada de la imitación.
La ornamentación tallada en los muebles es muy distinta a los muebles Luís XV, la mayoría de los adornos son de pequeña dimensión y los tallistas los emplean como si se tratara de motivos en bronce, finos y delicados.
Georges Jacob es el gran especialista en sillería de finales del siglo XVIII y el iniciador de una dinastía de ebanistas, así como el creador de toda una serie considerable de modelos.
La propia Maria Antonieta le encargo sillerías suntuosas y doradas, pero también supo fabricar, Jacob, asientos de elegante simplicidad. Sensible a la influencia inglesa, utiliza la caoba y con frecuencia aligera los respaldos recortándolos en forma de haz, de lira o de abanico.

05/04/2016

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