03/03/2012
La obra de Thomas Deininger se basa en una composición de elementos aleatorios y pedazos de objetos, que por sí mismos serían considerados basura, pero que unidos adquieren un nuevo significado. Con ello el artista pretende llamar la atención sobre la subjetividad de la belleza, aunque su verdadera intención es transmitir con sus obras la dualidad que las caracteriza. Es decir, sus obras no son simples retratos o montones aleatorios de diferentes objetos. Sus obras hablan de dos mundos, los que él denomina la verdad y la realidad. El mundo de la realidad es el más científico, el más objetivo; mientras que el de la verdad es el que corresponde a la imagen que representan las obras, a lo que representan vistas en conjunto desde un determinado punto de vista.
Para mantener la idea del artista sobre su obra, el espacio de exposición se concibe como una unidad compuesta por estos dos niveles. El nivel real es el inferior, el plano del suelo en el que las obras se ven de cerca, de manera que el visitante verá su realidad: montones de objetos agrupados. El nivel superior, "la cubierta", es el estrato en el que los objetos son la percepción que se tiene de ellos, adquieren un sentido al observarse de lejos y siendo contemplados desde el punto de vista exacto. La planta se compone, por tanto, de una disposición de obras y puntos de vista desde los que se estudian las líneas de visión para que, mediante una "cubierta" triangulada con sus caras orientadas estratégicamente, se reflejen las imágenes de cada una de las obras en el nivel superior.
Al entrar en el espacio expositivo el visitante primero percibe su nivel más cercano, mientras que al desplazarse por la exposición va descubriendo el mundo de la verdad, inalcanzable físicamente. Por tanto, es el propio visitante el que establece la conexión entre los niveles. Él es el que observa el nivel superior y permanece en el inferior, relaciona lo que ve reflejado en un mundo irreal, del que no está seguro de lo que es, pero sí de lo que percibe, con el mundo inferior en el que tiene la certeza de qué son en realidad las obras que le rodean.