11/06/2025
LA DAMA DE ELCHE
Descubierta por casualidad en 1897 por un chaval que estaba cavando en La Alcudia (Elche), esta señora ha dado más vueltas que una peonza. Literalmente. Porque tras ser hallada, se fue pitando al Louvre, y no volvió a casa hasta 1941.
¿Quién era esta mujer?
No lo sabemos con certeza. ¿Sacerdotisa? ¿Reina? ¿Divinidad? El busto no tiene nombre, pero se ha convertido en un símbolo nacional lleno de enigmas.
Las ruedas de la cabeza.
Se llaman rodetes y son parte del peinado ceremonial íbero.
Un busto… con sorpresa.
Dentro de la escultura hay una cavidad. ¿Para qué servía? Algunos dicen que para guardar cenizas funerarias. Otros, que era una especie de caja fuerte ancestral.
Policromía olvidada.
Sí, era de colores. Rojo, azul, dorado… nada de este look “blanco mármol” que tanto gusta a los museos. Como tantas otras esculturas antiguas, la Dama era un carnaval de tonos.
¿Original o fake?
¡Ah, el eterno misterio! Ha habido voces que han puesto en duda su autenticidad. Que si era una falsificación del siglo XIX… Pero con el paso del tiempo, la mayoría de expertos le han devuelto el trono. Porque leyenda o no, la Dama de Elche ya es parte del ADN cultural.
¿Y si hoy nos vistiéramos como íberos?
¿Nos iría mejor?
Bueno, depende. Por un lado, la gente caminaría más erguida, más solemne, más conscientes de su porte. Nada de “look teletrabajo”. Si te vistes como una Dama íbera, tienes que estar a la altura.
El “fast fashion” caería en picado. Porque hacer uno de esos collares de cuentas o trenzar el peinado ceremonial llevaría una semana.Pero, oye, sostenible sería un rato.
¿Y peor?
El transporte público sería un caos. Esos tocados no caben en el metro. Y en verano…
Eso sí, todos nos miraríamos más. Literalmente. Porque cuando uno se viste con historia, impone. Quizás incluso hablaríamos menos y escucharíamos más. Más ceremonia, menos griterío.
Conclusión:
¿Mejor o peor? No se sabe. Pero sin duda, más conscientes, más lentos, más simbólicos, más serenos. Menos “me pongo lo primero que pillo” y más “cada prenda dice algo”.
Quizá no hace falta vestirse como los íberos… pero al menos nos lo preguntamos.