10/04/2026
Este jardín comenzó como un espacio sencillo:
unos árboles caducifolios y una banca que ya invitaban a la contemplación.
A partir de ahí, diseñamos una paleta de follajes verdes —malangas, monsteras, garra de león— pensada para adaptarse a las condiciones cambiantes del sitio, especialmente a la exposición solar durante la época de secas, cuando los árboles pierden sus hojas.
Sin embargo, el diseño no termina al plantar.
Con el paso del tiempo, las especies crecen, se adaptan y transforman el espacio.
Algunas prosperan más de lo esperado, otras encuentran su lugar poco a poco.
Esto abre la posibilidad de ajustar: mover, integrar nuevas plantas, densificar o liberar.
Así, el jardín evoluciona, nunca permanece estático.
En este caso, se sumaron nuevas capas: trepadoras, palmas, árboles y macetas que hoy consolidan una atmósfera más selvática, fresca y envolvente.
Nada de esto sucede de inmediato.
Requiere observación, paciencia y disposición para acompañar el proceso.
Hoy, este jardín se ha convertido en el espacio favorito de quien lo habita.
No solo por cómo se ve, sino por todo lo que ha crecido con él.
Diseñar con naturaleza también es aprender a esperar.