Fernando Morán

Fernando Morán Arquitecto, Gerente de oficina en diseño integral

Nuestro despacho dio solución, para la rehabilitación de este edificio en Manzanillo, con estas dos alternativas de dise...
25/01/2026

Nuestro despacho dio solución, para la rehabilitación de este edificio en Manzanillo, con estas dos alternativas de diseño... cuál le gusta?

Yo, muy contento, sonriendo porque una Hormiga, un Oso, un Cotorro y un Piojo están levantando a mi chivita... ¿dónde an...
10/11/2025

Yo, muy contento, sonriendo porque una Hormiga, un Oso, un Cotorro y un Piojo están levantando a mi chivita... ¿dónde andan pajarracos? 😁🇫🇷

Jueves. Localizamos un refugio de perritos en Manzanillo centro frente a la gasolinera La Moderna a un costado de Tienda...
17/10/2025

Jueves. Localizamos un refugio de perritos en Manzanillo centro frente a la gasolinera La Moderna a un costado de Tienda Ley. Nuestro amigo Jorge tiene la difícil tarea de atender casi 100 peluditos y todos comen. Piérdale el amor a unas caguamas y traiga algo para estos cachorritos. Estamos reservando espacios para el cielo. Todavía hay... cosas que a nadie le importan... 👇👀

Terminando cosa bonita...  👇👀
15/10/2025

Terminando cosa bonita... 👇👀

Felicidades a todas y todos mis colegas por este día!! Especialmente a las y los arquitectos que a lo largo de mi vida c...
01/10/2025

Felicidades a todas y todos mis colegas por este día!! Especialmente a las y los arquitectos que a lo largo de mi vida como funcionario público me acompañaron a diseñar y construir extraordinarios espacios, como estos, para los colimenses....

Una con el campeonísimo... 👇👀
21/09/2025

Una con el campeonísimo... 👇👀

21/09/2025

* Con aprecio, cariño y reconocimiento para el arquitecto Pedro Eleazar Villa.

EL asiento del carrito rojo “Forcito” 42 en el que repartía hielo mi papá era tan duro que a veces pensaba yo que iba sentado sobre una piedra. Era toda una monada: sin puertas, retrovisores amarrados con cables, el piso aportillado, las loderas y el cofre eran láminas torneadas artesanalmente y que, desvencijado y todo no se rajaba. Cuando “la marcha” se metía en sus tiempos de “sonsa”, que era seguido, nos daba mucha lata para terminar la faena. A “arrempujones” pero teníamos que terminar la ruta. Tenía unos estribos “asobronados”, anchos y largos que hasta cabíamos dos chiquillos parados listos para brincar, aun cuando el Kalimán (así le pusimos al “Forcito”) estuviera en movimiento. Con esos estribos así, mi papá se daba vuelo subiendo o bajando, corriendo o gritando –“hielo, hielo” o cosas muy propias de su labor. Con tenis o botas de hule mi papá siempre se veía muy ligero. Para mí, un imberbe de 5 o 6 años, verlo trabajar era un privilegio que aún guardo en mi mente de lo que me siento muy orgulloso. Él agarraba el volante con una fuerza muy superior a la de un superhéroe, cambiaba velocidades sin mirar la palanca que no era más que una varilla de media pulgada soldada a la caja de velocidades que salía desde el piso hasta su diestra mano, con una dinámica atribuible a un experto y a mí, que iba en aquel asiento que me aplanaba más las nalgas de cómo las tenía, me encantaba ver sus dedos grandotes, ásperos y duros como una piedra como los de La Mole, que cuando se quedaban quietos, de ellos escurrían hasta el piso, gotas de agua del hielo que me gustaba contar hasta que dejaban de caer. Creo que hasta podía oír el golpeteo de las gotitas sobre la lámina del piso del “Forcito”.

Ya sobre la ruta de las entregas de hielo, había recorridos que eran larguísimos, donde el “Forcito” no rajaba; se fajaba bien y bonito, con un ronroneo tan fuerte que en ocasiones yo pensaba que iba a tronar el motor y me tapaba los oídos con mis manos para oír menos, pero nunca pasó, afortunadamente, no que yo recuerde. Esos tramos larguísimos a los que me refiero son: desde la tienda La Michoacana en San Pedrito hasta La Flechita; de La Flechita a Las Bombas (lo que ahora se conoce como la entrada a Barrio I) de Las Bombas al crucero de Las Brisas donde estaba una estación de la SOP (Secretaría de Obras Públicas) que, dicho sea de paso, fue creada desde el gobierno de Porfirio Díaz en 1891 hasta el gobierno de Luis Echeverría. Desde el crucero de Las Brisas hasta Salagua, Santiago y desde Las Peñitas hasta la Terraza Ceballos, Las Hamacas, Las Chozas y La Terraza del Indio hasta llegar a Miramar. Esa era la ruta en términos generales. Entre esos puntos que menciono todo estaba desolado; no había nada. Eran grandes baldíos y huizacheras.

A mi papá le gustaba platicar con nosotros en los traslados. Mientras él manejaba, hablaba y nosotros escuchábamos. Aunque mi papá nunca puso un pie en un salón de clases, cuando nos explicaba alguna cosa nos preguntaba: - ¿les queda claro, tienen alguna pregunta? - Y nosotros ni chistábamos. Yo pegado a mi papá, mi hermano Héctor a un lado de mí y del lado de la portezuela fantasma, casi volando, con un pie en el estribo mi hermano Lalo, por ser el más grande, aunque su edad no rebasara los 8 o 9 años.

En una ocasión, llegamos a entregar el hielo a Las Hamacas en Miramar. Yo tenía cinco años, Héctor siete y Lalo nueve. Eso se me quedó herrado como cuando le queda la marca a un animal cuando le ponen un hierro candente para acreditar la propiedad. Yo no iba ni a la primaria aún y ya recibía estudios de posgrado de parte de mi papá. Paró el “Forcito” y nos pidió que no nos bajáramos y que pusiéramos atención a lo que nos iba a decir; volteamos los 4 hacia afuera como nos lo indicó. Yo recuerdo un Volkswagen sedán blanco de donde descendieron el Ing Efraín R. Villa Valenzuela y su pequeño hijo Pedro Eleazar Villa Michel; los nombres de ellos los supe hasta después. El ingeniero Villa llevaba un rollo de planos en sus manos y “Pedrillo”, -dicho con aprecio y cariño- lo seguía. Entraron al restaurant -entiendo que el Ingeniero Efraín iba por lo del algún trabajo- Los dos iban bien vestidos, zapatos y ropa limpia, bien peinados y sumamente educados, al pasar, nos saludaron; un “buenos días” sonoro, educado, firme y dirigido a nosotros de parte de ellos, que alcanzamos a contestar los cuatro, mi papá y mis hermanos, con un “buenos días” también firme y educado. Mi padre espetó con sus palabras dirigidas a los tres como si fuera una clase de cualquier universidad: "aquí tienen dos ejemplos de familias, la del ingeniero Villa y la de nosotros. ¿Alcanzan a ver las diferencias? El ingeniero Villa fue a la universidad y yo no. Nosotros vivimos al día, y ellos no. Nosotros tenemos que trabajar todos los días y ellos por lo menos descansan los domingos y por las tardes. Ellos aprenden más cosas aparte de lo que se aprende en las escuelas públicas y nosotros nomás lo que nos enseñan en ellas y a muchos de nosotros las circunstancias nos impiden asistir". -MI papá siguió:- “por eso les digo, yo trabajaré todos los días para que a ustedes no les falte la escuela. Quiero verlos a todos profesionistas para que sus días sean como los del ingeniero Villa y los de todos ellos y no como los de nosotros que llueva, truene o relampagueé, sábados, domingo y días festivos (25 de diciembre y 1 de enero) tenemos que trabajar, si no, no comemos” Hasta ahí terminó mi papá en esa ocasión. Mis hermanos y yo habíamos aprendido esa lección. Nunca advertí en mi papá un dejo de ventaja o de envidia en sus palabras. Ni en esa ocasión ni en ninguna otra. Era fuerte mental y físicamente y tenía una resiliencia impresionante. Virtudes de las que de él aprendí muchísimo durante todo mi proceso universitario.

Siendo como es el destino, al paso de los años me los encontré, en diversas circunstancias a los dos; al ingeniero Efraín R. Villa y a su hijo Pedro Eleazar Villa Michel. Sucede que Pedro es de mi edad; cursamos la secundaria en la misma escuela. Él en primero A y yo en primero B. La primera vez que nos encontramos en los pasillos de la escuela lo pude identificar; yo reconocí a aquel niño que acompañaba al ingeniero Villa a su trabajo y que mi papá, sin permiso de ellos, los había tomado de ejemplo para nosotros; y él solo me vio a los ojos y me saludó muy amablemente. Era un tipo educado, noble y carismático. Él jugó futbol en Brisas y yo en Real Azteca y nos enfrentamos varías veces. En la cancha y en los pasillos de la escuela siempre me buscaba con la mirada o iba a donde estaba y me saludaba cordialmente. En el futbol yo era duro, rudo, fuerte, pateaba arriba y abajo, brincaba como conejo con resortes. Él era fino, elegante, rápido, caracolero, líder, fuerte, le pegaba con las dos piernas, conducía con maestría la pelota y tenía un resorte impresionante. Cabeceaba bien. Nunca jamás se quejó de mi rudeza o dureza. Ante todo, siempre sonreía. Al término de cada partido iba y se despedía de mí. Reitero, era un tipo noble. Reacción contraria a lo que se pudiera pensar. Después coincidimos en Loros en alguna ocasión.

Después lo dejé de ver. Él se había ido a estudiar a Guadalajara y yo a la Universidad de Colima, coincidentemente los dos estudiamos arquitectura. Pasados los años lo volví a ver siendo yo funcionario municipal y luego estatal. Cuando iba a hacer trámites, en muchas ocasiones yo lo atendía personalmente y él, sumamente amable, educado y profesional me saludaba y platicábamos del pasado, del presente y del futuro.

Tiempo después, el destino quiso que yo le recibiera la Dirección de Obras Públicas de Manzanillo al ingeniero Efraín R. Villa (su papá) en el cambio de administración de Martha Sosa a Rogelio Rueda y pude platicar con él ampliamente. Experto, educado, amable, profesional, muy buenas personas ambos.

Me llenó de mucha tristeza saber del fallecimiento de Pedro Eleazar Villa. Creo que le faltó vivir muchos años más. Tuvimos varios encuentros todavía como constructores hace algunos meses y nuestra relación fue, como siempre, como desde niños, una relación de amigos, de harto aprecio, afecto y mi más alto reconocimiento hacia su persona. Él, seguro se encuentra a un ladito del creador satisfecho por su vida personal y profesional y yo sigo siendo solo un soñador. Sin duda, me hubiera gustado decirle alguna vez que él y su papá fueron, gracias al ejemplo que nos puso mi papá aquella ocasión, una motivación para mi carrera. Descanse en paz mi querido amigo Pedro Eleazar Villa.

16/09/2025

La denominación de las “antiguas instalaciones del Ayuntamiento de Manzanillo” en la licitación de un museo convocada por ASIPONA en el puerto de Manzanillo, y que se refiere al edificio municipal de Juárez 100, ha causado un estridente revuelo ya que por ese hecho los manzanillenses nos damos por avisados (lo que nos debería de tener indignados) que la presidencia municipal termina sus funciones administrativas en el centro histórico para continuar haciéndolo en algún lugar de Salagua o El Valle de las Garzas y en su lugar será, como lo dice la licitación de marras, un museo.

Nadie me ha pedido mi opinión, no obstante, por la ligereza con la que algunos ven este suceso, les haré unos breves comentarios al respecto:

Los manzanillenses nos podemos perder de un patrimonio que nos conecta con nuestra identidad y memoria colectiva. Este edificio construido en la primera mitad del siglo pasado, no solo es una construcción, es testigo de nuestra historia, de todos los sucesos políticos, económicos y decisiones que nos han formado como comunidad y un punto de cohesión para todos. Un museo es importante, sin duda, tiene un gran valor cultural, pero nos podemos perder de una identidad cívica de todos los tiempos.

Sacar la presidencia municipal del centro histórico, como creo que así va a ser, puede tener varias consecuencias negativas. A saber:

• Pérdida de identidad cultural: La presidencia municipal en el centro histórico forma parte de la identidad cultural y arquitectónica del puerto. Su eliminación puede alterar la esencia del lugar y desdibujar su carácter histórico.

• Impacto en la actividad económica: La presencia de la presidencia municipal en el centro histórico, genera, sin duda, una actividad económica importante en la zona, ya que atrae a personas que trabajan o visitan el edificio. Su eliminación puede llevar a una disminución en la actividad comercial y económica en el área. La renta de edificios y locales para actividades profesionales como abogados, ingenieros y arquitectos es uno de ellos.

• Deterioro del patrimonio arquitectónico: La eliminación de la presidencia municipal puede llevar a la pérdida de patrimonio arquitectónico valioso, lo que puede ser irreversible, ya que al eliminar la presidencia puede arrastrar al deterioro varios edificios que se ubican en el contexto urbano cercano.

• Desplazamiento de servicios: La reubicación de este edificio administrativo tan importante puede dejar a los aún residentes en el casco urbano y primer cuadro de la ciudad sin acceso fácil a servicios esenciales, lo que puede afectar negativamente su calidad de vida.

• Impacto en la planificación urbana: Poco se podrá hacer ya en materia de inversión y planificación urbana por esta zona.

• Pérdida de cohesión social: La presidencia municipal en el centro histórico ha servido, a través de muchísimos años, sin duda, como punto de encuentro y cohesión social para la comunidad. Su eliminación puede llevar a una pérdida de cohesión social y sentido de comunidad.

• Impacto inmobiliario negativo (devaluación de inmuebles y pérdida del valor de nuestras propiedades) por la falta de interés de inversión pública y privada y baja de actividades comerciales y de servicios.

• Pérdida de empleos formales e informales

En resumen, desde mi punto de vista, sacar la presidencia municipal del centro histórico puede tener consecuencias negativas para la identidad cultural, la actividad económica, el patrimonio arquitectónico y la calidad de vida de los manzanillenses. Es importante considerar cuidadosamente las implicaciones de tal decisión antes de tomar medidas.

Cosas que a nadie le importan.

La tranquilidad no se negocia.Con el tiempo, aprenderás a frenar la lengua y a no reaccionar cada vez que escuchas o ves...
13/09/2025

La tranquilidad no se negocia.

Con el tiempo, aprenderás a frenar la lengua y a no reaccionar cada vez que escuchas o ves algo que no te agrada.

Entonces, aprendes a retirarte, a evitar esos lugares o personas que te hacen sentir incómodo.

Comienzas a proteger tu paz, y tu círculo se vuelve cada vez más pequeño, pero también más saludable.

A esto yo le llamo inteligencia emocional.

Hay que aprender a elegir las batallas. No todo el mundo merece tu atención, y mucho menos tu compañía.

La tranquilidad no se negocia.

En reunión con amigos compañeros valuadores de Manzanillo... 👇👀
10/09/2025

En reunión con amigos compañeros valuadores de Manzanillo... 👇👀

Muy agradecido con sus atenciones 👇👀
07/09/2025

Muy agradecido con sus atenciones 👇👀

He estado pensando que Manzanillo necesita, con suma urgencia, gente preparada y capaz. Por eso he tomado la decisión de...
02/09/2025

He estado pensando que Manzanillo necesita, con suma urgencia, gente preparada y capaz. Por eso he tomado la decisión de cursar una maestría más. Ahora en Arquitectura y Desarrollo Urbano...y ayer 1 de septiembre comenzamos.... cosas que a nadie le importan 👇👀

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