07/06/2026
Hay lugares que no pueden entenderse desde la lógica de la propiedad privada. Para los pueblos indígenas, ciertos montes, manantiales y bosques forman parte de la memoria colectiva, de la historia comunitaria y de la relación que las personas han construido con su territorio a lo largo de generaciones.
Lo que hoy ocurre en la comunidad indígena de La Cañada nos invita a reflexionar sobre el valor de estos espacios. No se trata únicamente de árboles o de una extensión de tierra. Se trata de un lugar donde convergen biodiversidad, agua, identidad, cultura y comunidad.
Cuando un lugar sagrado es reducido a un jardín privado, se pierde de vista todo aquello que representa para quienes lo han cuidado y reconocido como parte de su patrimonio biocultural.
Por eso la defensa de La Cañada también es una defensa de la memoria, del territorio y de los espacios que hacen posible la vida comunitaria.
Los bosques no se venden, La Cañada se defiende.
No es jardín privado, es lugar sagrado.
Hasta que la dignidad se haga costumbre.