04/12/2017
Los alebrijes nacen con Pedro Linares en la Ciudad de México en la primera mitad del siglo XX. Después de cumplir los 30 años, Pedro es preso de una enfermedad que le provoca alucinaciones.
En su delirio puede ver una especie de seres que habitaban un bosque. Dichos seres eran como quimeras a la mexicana: burros con alas de mariposa, gallos con cuernos de toro, leones con cabeza de águila… todos ellos gritaban una sola palabra: “alebrijes”, palabra compuesta que pudiera significar “aléjate brujo”.
Los primeros alebrijes de Pedro Linares fueron de papel maché. Años después, en Oaxaca comenzaron a tallar figuras en madera de copal y pintarlas con anilinas, y la gente comenzó a llamarlas “alebrijes de Oaxaca”.
Fue tanto el éxito que tuvieron, que familias enteras comenzaron a dedicarse a la producción de dichas criaturas. Manuel Jiménez Ramírez, originario del pueblo de San Antonio Arrazola, Oaxaca, es considerado el creador de los alebrijes oaxaqueños. Lo que introdujo en sus piezas fue el concepto de nahual.
El nahual en la cultura mexicana representa a un animal fusionado con el humano.
El nahual es tu protector, el cual define tu personalidad dependiendo del año y el día en que naces. Los tonas son los animales que representan el calendario zapoteco, son 20. Alrededor del Estado de Oaxaca, muchas familias producen alebrijes, pero son los pueblos de San Martín Tilcajete y San Antonio Arrazola los principales productores de estas fantásticas criaturas.
En sí, las figuras talladas en madera y piedra, eran producidas por los ancestros oaxaqueños que tallaban los “tonas”.