04/13/2026
El llamado “evangelio de la prosperidad” ha convertido la fe en un negocio: promete riquezas a cambio de dinero, usa el nombre de Dios como garantía y transforma la ofrenda en una transacción. Pero el evangelio no se trata de cuánto recibes, sino de a quién sigues. Cristo nunca prometió hacer ricos a sus discípulos; prometió una cruz, una vida rendida y un tesoro eterno.
Muchos citan 2 Corintios 9:6: “el que siembra generosamente, generosamente también segará”. Pero sacan el texto de su contexto. Pablo no está hablando de hacerse rico, sino de dar con un corazón voluntario para suplir necesidades y glorificar a Dios. La “cosecha” que menciona incluye provisión suficiente, crecimiento en justicia y abundancia para seguir dando, no acumulación egoísta. De hecho, el énfasis del pasaje (2 Corintios 9:7-11) es la actitud: “Dios ama al dador alegre”, no al inversionista que espera ganancias.
El problema no es ofrendar, es hacerlo con una motivación torcida, creyendo que podemos “comprar” el favor de Dios. Y justo de esto es que muchos falsos y fraudulentos obreros se aprovechan para enriquecerse. Eso no es fe, es manipulación espiritual.
Dios sí bendice, pero no es un cajero automático. Su mayor bendición no es hacerte rico en la tierra, sino transformarte para la eternidad.
No todo altar que promete prosperidad predica verdad. Y no toda “siembra” que te ofrecen… viene de Dios. Si estás en una cuyo único tema es la PROSPERIDAD, sal de ella, no quieren tu crecimiento espiritual, solo quieren tu dinero.