01/11/2020
Ciudades que garantizan el derecho a la tierra y la vivienda, amparan frente al desalojo y priorizan a las personas por sobre la especulación inmobiliaria. ¡La tierra es para quien la habita!
Ciudades sin violencias, seguras para todas las personas, con políticas integrales para prevenir las violencias contra mujeres y disidencias en espacios públicos, con equipamientos, transporte, lugares de recreación y refugio.
Ciudades que garantizan el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, nuestro primer territorio. Aseguran atención y acceso a métodos anticonceptivos e interrupción legal del embarazo en todos los centros de salud.
Ciudades que reconocen el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, y favorecen la responsabilidad colectiva sobre las tareas de cuidado a través de políticas territoriales, infraestructuras y servicios de cuidado como instrumentos de redistribución.
Ciudades que revalorizan las economías pensadas para la sostenibilidad de la vida y en clave de género, que reconocen el aporte invisibilizado que las mujeres realizan a través del trabajo no remunerado, y promueve políticas e iniciativas de la economía popular colectiva.
Ciudades antirracistas que visibilizan las diferencias, las celebran y construyen desde ellas, donde nuestras voces y experiencias son tenidas en cuenta en los espacios de toma de decisión sobre aspectos relevantes en nuestra vida.
Ciudades más habitables que desarrollan procesos participativos de planificación estratégica, privilegiando el arte popular, las actividades comunitarias y el cuidado de la tierra, y promueven la convivencia y el uso compartido de los espacios públicos.