14/04/2026
Nada ha pasado mejor sobre la piel del mundo, y en lo alto, donde el frío piensa despacio, el frailejón respira como un guardián antiguo.
No crece: custodia. Atrapa la niebla con sus manos de lana, bebe el silencio y lo convierte en agua para los que no saben de dónde nace la vida. Es torpe y sagrado, como si la montaña hubiese aprendido a rezar en forma de planta.
Yo lo miro y entiendo otra forma de amor: esa que no arde, que no exige, que no se nombra. La que simplemente permanece, gota a gota, sosteniendo el mundo sin que nadie la vea.