10/04/2026
Hay un momento del año en Costa Rica en que el aire vibra distinto. No es el viento, no es la lluvia… son las chicharras.
Su canto, intenso y constante, anuncia más que calor: anuncia cambio. Para muchos, es la señal silenciosa de que el verano está en su punto más alto, de que la tierra se seca, se prepara, respira profundo antes de transformarse otra vez.
Pero lo más bonito es lo que no se ve. Las chicharras pasan años bajo tierra, en paciencia absoluta, hasta que llega el momento de salir, cantar y cumplir su ciclo. Nos recuerdan que la naturaleza tiene sus tiempos… y que lo invisible también florece.
En la cultura popular, su sonido es sinónimo de tardes largas, de infancia, de finca, de sol fuerte y vida simple. Es memoria viva del campo.
Y aquí, entre plantas, lo sentimos más fuerte que nunca. Porque así como ellas emergen cuando todo parece quieto, cada jardín guarda procesos que toman tiempo… pero siempre llegan a su momento.
Escuchar chicharras no es solo escuchar el verano. Es escuchar la vida haciendo su trabajo. 🌿