03/05/2026
Proyecto Final. Convocatoria Trama 41
Donde Rompe la Ola -Memorial a pescadores artesanales desaparecidos
Autor/es: Javiera Sofía Ainie Oyarce .arq
Profesor: Osvaldo Bizama Calzia
Facultad: Facultad de Arquitectura EAUV, Universidad de Valparaíso
Año: 2026
Lugar: Valparaíso, Chile
Fundamento:
El presente proyecto surge desde una inquietud profunda por aquello que no siempre tiene forma visible: la memoria, la pérdida y los ritos que intentan dar sentido a lo que no puede ser contenido. Se sitúa en el cruce entre arquitectura, paisaje y experiencia humana, abordando el territorio no solo como espacio físico, sino como un archivo vivo de memorias, acontecimientos, emociones y significados.
En el contexto de las comunidades costeras de Chile, particularmente en aquellas ligadas a la pesca artesanal, como lo es en la zona pesquera del Muelle Maguillines, ubicado en Constitución dentro de la Región del Maule. El mar no es únicamente un medio productivo, sino también un espacio simbólico cargado de vida, incertidumbre y muerte. En él convergen historias de subsistencia, tradición, riesgo y duelo tras la desaparición de padres de familia, hermanos, amigos, hijos que han continuado con el legado pesquero en el mar. Frecuentemente en estas comunidades se instala esta problemática sensible sobre la ausencia de un ser querido y la incertidumbre de esta pérdida.
Frente a esta ausencia, emergen prácticas simbólicas profundamente significativas. Ceremonias como la festividad de San Pedro o la Noche Veneciana no solo celebran la vida marítima, sino que también funcionan como actos colectivos de recuerdo, despedida y conexión espiritual. Son instancias donde el mar se transforma en escenario ritual, donde lo íntimo se vuelve colectivo y donde la memoria se mantiene viva a través de gestos, recorridos, luces, cantos y ofrendas.
Al momento de las desapariciones por producto del mar, se desenvuelven una serie de ritos que representan la despedida simbólica a quienes perdieron la vida bajo la fuerza del mar.
Este proyecto reconoce en estas prácticas una forma de arquitectura intangible: un sistema de relaciones, símbolos y acciones que construyen espacio sin necesidad de materialidad permanente. A partir de ello, se propone una intervención que no busca imponerse sobre el territorio, sino dialogar con él, revelarlo y amplificar sus significados existentes, emplazándose sobre el antiguo Muelle Maguillines, el cual también fue víctima de la brutalidad del mar. El muelle forma parte de los vestigios de eventos catastróficos como el tsunami de 2010, transformándose en la memoria viva y latente para la comunidad. Pare ellos se entiende no solo como ruina física, sino como soporte emocional y simbólico donde el pasado permanece inscrito, donde el mar ha dejado huellas visibles e invisibles.
Estrategia:
Para empezar a proyectar, se observó el movimiento de la Ola, recogiendo de ella tres principales momentos. El primero, nombrado como ASCENSO, siendo el momento en que desde lejos podemos observar como se acerca hacia nosotros eso que podía verse lejano e inalcanzable. El segundo momento, llamado ROMPIENTE, siendo este el impacto de la ola, donde rompe, donde su brutalidad y fuerza se vuelve indomable e inevitable. Por último, está el tercer momento, llamado RETORNO, que su nombre viene luego de la catástrofe de la rompiente, donde el mar vuelve a su tranquilidad, se recoge y se retira, dejando un horizonte de quietud.
A través de estos tres momentos, se construye la propuesta desde una lógica de intervención mínima y precisa, quedando suspendido de ella y evitando la ocupación total del muelle y optando por activar esos tres puntos mencionados a lo largo de su recorrido. De esta manera se logra respetar la ruina y formar parte del relato emocional que evoca.
Estas intervenciones no buscan definir un programa rígido, sino más bien habilitar situaciones: espacios para detenerse, para sentir la brutalidad del mar, para conectar con el impacto y el arrebato, para contemplar, reunirse, despedir, recordar y celebrar según cada instancia.
A través de esta experiencia, el usuario responde a lo que se conoce como memorial corporal, donde la vivencia física como la curiosidad, miedo, amenaza o calma, quedan grabadas en el inconsciente. La memoria no sólo es para la comunidad pesquera; también para quienes desconocen este mundo, se vuelve memoria y museo vivo e incontrolable.
En este sentido, el proyecto trasciende su condición de memorial y configura una nueva forma de borde costero que acompañe la larga caminata hacia el espacio memorial, desde la activación sensible del recorrido, donde el habitar se da a través de la experiencia lejana-cercana con el mar. Así, el muelle deja de ser únicamente vestigio para convertirse en un espacio público activo, capaz de articular memoria, paisaje y uso cotidiano, integrándose al tejido urbano desde una lógica respetuosa y profundamente territorial.
Uso:
La memoria se ancla en la experiencia sensorial y en la relación con los elementos naturales. El viento, la humedad, el sonido del mar, la luz cambiante y la niebla se convierten en materiales fundamentales del proyecto. La arquitectura, en este sentido, actúa como mediadora entre el cuerpo humano y estas fuerzas, intensificando su percepción.
Se propone una secuencia espacial que acompaña al visitante en un recorrido progresivo a partir de tres estaciones, donde cada una plantea una atmósfera distinta. Desde espacios más abiertos y colectivos, asociados a la celebración y el encuentro, lugares de fuerza, brutalidad y amenaza, hasta momentos más íntimos y contenidos, vinculados al recogimiento y la introspección. Esta gradación permite acoger tanto lo público como lo personal, entendiendo que el duelo y la memoria se experimentan de múltiples formas.
Se podría decir que existen dos tipos de usuarios:
- Visita externa. Colegios, turistas, visitantes de cualquier tipo
- Visita a partir de la pérdida. Comunidad de Constitución a partir de casos de pérdida
El visitante externo por así decir. Viene desde tierra, accediendo por la propuesta de estacionamiento y atravesando el diseño de borde costero hasta llegar a la barra de servicios subterránea. En esta barra el usuario puede guardar sus pertenencias y alistarse con botas y/o impermeables que ofrece el proyecto. Una vez listo, continúa el trayecto subsuelo hasta salir por el interior de la primera estación: EL ASCENSO, aquí el usuario recorre la torre que en su interior guarda elementos de aquellos que han desaparecido. Elementos que las familias han colocado para recordarlo.
Luego de recorrer toda la torre, el usuario desciende y emprende viaje por la pasarela que lleva al final del proyecto. Llega a la segunda estación: LA ROMPIENTE, donde se enfrenta con toda la brutalidad de la ola, aquí el usuario vive el impacto y la fuerza del mar luego de experimentar el arrebato a través de recuerdos y elementos propios de las víctimas.
Una vez atravesada la segunda estación, se llega a la tercera. EL RETORNO donde el usuario recorre por las pasarelas lo que es la calma del mar. Se ve perdido ante todo ese infinito azul del mar, su quietud y el silencio que se alcanza. Por debajo, a la altura del mar, los botes pesqueros tienen acceso y atraviesan la estación, dando cierto simbolismo de presencia y de valor a aquellos que perdieron la vida en este oficio.
Por otro lado, la visita que es a partir de casos de pérdida, inicia desde la ciudad. Luego de realizar cada acto de despedida correspondiente en tierra, pasando por la iglesia, la plaza principal, hasta la caminata hacia el río, familiares y amigos se embarcan por el río con elementos personales de aquellos pescadores desaparecidos gracias a la ausencia de sus cuerpos. Se dirigen al muelle Maguillines, llegando por la última estación, RETORNO. En esta estación realizan la despedida simbólica, donde las embarcaciones rodean la estación y lanzan bengalas al cielo, otros lanzan arreglos florales o velas. Se dice que hacia donde floten las velas, se encontrará el naufragio… Esta estación recoge a la comunidad principalmente desde el mar y las recibe para regresar a tierra en una caminata lenta y reflexiva junto al océano, atravesando por la estación dos y uno respectivamente. Luego de eso se realizan comidas en los galpones preexistentes hasta retirarse devuelta a la ciudad en caravana, ya sea por medio marítimo o terrestre.
Estructura y Materialidad:
Las decisiones materiales responden a esta misma lógica. Se privilegian sistemas constructivos ligeros, permeables y respetuosos con el entorno, capaces de integrarse con el paisaje sin competir con él. Se conforma de elementos livianos, a través de perfiles circulares de acero marino, membranas translúcidas hechas de pequeños tejidos de fibra de vidrio y mallas metálicas como superficies que reaccionan a la luz y la humedad permiten construir espacios que no son completamente cerrados ni definidos, sino abiertos a la relación con el mar y la intemperie.
Principalmente, el proyecto se levanta a partir de mástiles y tensores que trabajan en conjunto a perfiles de acero circulares y tubulares. Cada estación tiene sus mástiles centrales, conectados entre sí por tensores. A partir de estos mástiles, se desprenden tensores que conectan con los perfiles de acero circulares. Estos perfiles son curvos y seccionados, así que por cada sección son conectados entre sí por una “pieza maestra” de acero, recibiendo cada extremo del perfil a modo de macho-hembra. De esa forma se da resultado a la curvatura de los perfiles que moldean la malla metálica y la tela de fibra de vidrio. La pieza maestra antes mencionada, está presente en cada unión de elementos de acero, de esa forma se mantiene el mismo lenguaje como solución para todo el pryecto.
La luz juega un rol fundamental, especialmente en relación con los ritos nocturnos. Más que iluminación funcional, se propone una luz simbólica, tenue y direccional, que enfatiza la verticalidad y establece un vínculo con lo celestial. Esta luz no busca dominar la oscuridad, sino coexistir con ella, generando una atmósfera de recogimiento y trascendencia.
Asimismo, el proyecto incorpora la dimensión del rito como parte activa de su funcionamiento. No se trata de un espacio estático, sino de un lugar que cobra sentido a través de las acciones que en él ocurren. El lanzamiento de ofrendas al mar, el encendido de luces, los recorridos colectivos en embarcaciones y las reuniones comunitarias forman parte integral de la propuesta, entendiendo que la arquitectura debe ser capaz de acoger y potenciar estas prácticas.
En este sentido, el proyecto no impone un significado único, sino que ofrece un marco donde la comunidad puede seguir construyendo su propia memoria. Es una arquitectura que reconoce su condición incompleta, abierta y en constante resignificación.
Finalmente, este proyecto plantea una reflexión sobre el rol de la arquitectura frente a lo inmaterial. En un contexto donde muchas veces se privilegia lo tangible, lo productivo y lo permanente, se propone valorar aquello que es efímero, emocional y simbólico. Entender que el espacio no solo se construye con materia, sino también con experiencias, recuerdos y vínculos.
Así, la propuesta se configura como un memorial vivo: un lugar donde la memoria no se fija, sino que se activa; donde la ausencia no se oculta, sino que se reconoce; y donde el territorio, lejos de ser un fondo pasivo, se convierte en protagonista y testigo de la relación profunda entre el ser humano, la naturaleza y el paso del tiempo.