26/05/2023
Hace unos años de esto, aún, todavía, de actualidad
Ayer me invitaron a una mesa redonda convocada por la plataforma creada para salvar "A Casa da Xuventude". Como hija del arquitecto, Severino González, me pidieron que explicase el edifcio.
En situaciones como estas es donde, de verdad me doy cuenta, que los arquitectos no somos, muchas veces, de explicar el porqué de nuestros proyectos y nuestros resultados.
Empecé introduciendo la persona de Severino González, arquitecto que desarrolló una amplia trayectoria profesional en un corto espacio de tiempo, 15 años, falleció en enero de 1985. Como resumen os comento que era un arquitecto coherente con su profesión y sus ideas, que la base fundamental de un buen proyecto era una buena concepción del mismo y eso garantiza el funcionamiento de un edificio. Me puedo meter en temas estéticos, resolutivos, uso y experimentación de materiales, debemos tener en cuenta que en estos años, década de los 70 y 80, existe una generación de arquitectos que se atrevieron con las formas, materiales nuevos y combinación con los existentes, experimentaron con una nueva arquitectura atenta a unas nuevas circunstancias y necesidades. Es ahora, desde la distancia que nos da el tiempo, el momento de reflexionar sobre la arquitectura de aquellos años, que se desarrolló en tan poco tiempo debido a la rápida evolución de las ciudades. Una arquitectura que responde a la era del automóvil, del crecimiento, y una arquitectura, que se plantea resolutiva, variada, experimental y positiva.
Una vez introducido al arquitecto y a su momento, procedo a desgranar el edificio de la casa da xuventude. Cabe descacar, antes de empezar a explicar, que compartí mesa con Ignacio Cerradas, arquitecto municipal del momento y con Ricardo Varela, arquitecto especializado en espacios verdes y abiertos.
El edificio de la Casa da Xuventude se encargó con dos fines, cerrar la plazuela del matadero y evitar la creación en el parque de Belvís, antes era una zona degradada de huertas, de una vía que atravesaría ese espacio abierto con el fin de colmatarlo de edificaciones.
Con ese inicio controvertido se hace un encargo y se realiza un proyecto. La parcela es complicada, en forma de cuña da fachada a una plaza, debe tapar las traseras de San Pedro (muy degradadas) y cerrarse sobre Belvís (antes espacio privado de huertas). Se concibe como un edificio público que debe funcionar como espacio de relación. Tres parres se diferencian a lo largo del edificio, la zona administrativa, en el frente a la plaza, la cabeza, la zona de relación, en el centro, de mayor escala, con una triple altura, luz cenital (por arriba), circulación perimetral, rampa de acceso a planta superior, y una tercera zona, el espacio de representación, en la que se ubican el salón de actos y las salas de baile, aquí, el edificio, consciente de su cierre con Belvís, modifica la escala, se bajan las alturas, se quiebran las cubiertas, se fracciona con el fin de que la rotundidad sea la mínima posible.
En aspectos estéticos, todo es subjetivo, en aspectos funcionales, no.
El edificio, proyectado en 1984, tiene un uso vigente hoy en día, 2014, funciona, se adapta, se amolda.
Es igual, el momento de pararnos a pensar en si debemos reflexionar sobre la arquitectura de los años 70 y 80, años de desarrollo de las ciudades, para dar valor a unos edificios que consideramos, muchas veces, símplemente feos, sin pararnos a analizar el porqué de sus formas, resultados y estética.