29/05/2025
Desde APIMAGC, Asociación provincial de agua, gas y calefaccion de Castellón, queremos manifestar nuestro profundo rechazo al uso despectivo del término “fontanero/a” para referirse, en ciertos entornos mediáticos y políticos, a personas implicadas en prácticas mafiosas, conspiraciones partidistas o manipulaciones encubiertas.
Esta expresión, que lamentablemente se ha repetido en los últimos días para aludir a figuras ajenas al sector técnico, supone una falta de respeto intolerable hacia un colectivo profesional imprescindible para la vida cotidiana de nuestra sociedad.
Los fontaneros y fontaneras son profesionales cualificados, formados, con años de experiencia y vocación de servicio.
Son quienes garantizan el acceso al agua potable, la seguridad sanitaria en edificios, el buen funcionamiento de instalaciones críticas en hogares, hospitales, industrias o centros educativos. Su trabajo es tan invisible como vital. Y merece respeto.
Reducir su oficio a una metáfora de prácticas turbias no solo es injusto: es una irresponsabilidad que alimenta estigmas, desprestigia la formación técnica y perpetúa una visión errónea de los oficios manuales, que son base del desarrollo económico, el bienestar social y la sostenibilidad.
Desde esta institución, exigimos a los responsables públicos, comunicadores y líderes de opinión un uso riguroso del lenguaje, acorde con los valores democráticos que dicen defender. Porque el lenguaje construye realidades. Y porque ningún profesional honesto debe ser utilizado como símbolo de corrupción.
Instamos a los medios de comunicación, partidos políticos y representantes institucionales a rectificar este tipo de expresiones y a poner en valor a los trabajadores y trabajadoras que, con humildad y pericia, sostienen lo esencial sin protagonismo.
Hoy alzamos la voz no solo por los fontaneros y fontaneras. Lo hacemos por todos los oficios técnicos que, lejos de los focos, son sinónimo de dignidad, esfuerzo y compromiso.
Basta ya de frivolizar con lo que otros construyen con las manos y el sudor.
No se puede comparar a un profesional con un presunto mafioso o mafiosa.