28/12/2023
SANTOS E INOCENTES... LOS NIÑOS DEL PADRE MÁXIMO.
Fotografía de la portada de la revista del Hogar donde se explicaba su labor a los benefactores, que eran casi todos los vecinos de Gijón, en sus breves páginas se hablaba de nuestras necesidades, pero también de los logros, que con las aportaciones de los gijoneses, se realizaban puertas adentro del caserón del Rosal, en el número 52 de la calle Mariano Pola del Natahoyo de Gijón, El Hogar de San José, del bendito Padre Máximo González S.J.
Un día de verano del año 1941, dejando el puerto de Pajares atrás, llegó a Gijón un misionero de la Compañía de Jesús, un joven sacerdote castellano de aquella orden religiosa, que venía a encargarse de las Congregaciones del Inmaculada y de los Kostkas. Mientras que también se reorganizaba la escuela de alfabetización para mujeres adultas del Natahoyo y se abría la escuelita para pobres de doña María Díaz Armengol, en la calle Cabrales, en la que había sido sede del Sindicato católico del Vergel. (Vanguardia)
Yendo y viniendo del Inmaculada a la calle Cabrales, en aquel tórrido verano de 1941, el padre Máximo iba recogiendo niños abandonados por las calles de aquel Gijón de posguerra.
Les preguntaba si tenían familia, si tenían hambre y ante las dolorosas respuestas del no y el sí, los enviaba a la congregación de los Kostkas, donde al menos de momento; los alimentarían.
Cada día se encontraba más niños abandonados a su paso, que lo seguían ciegamente, como se sigue a un santo y al poco se le hizo insuficiente el local de los Kostkas de la calle Covadonga y en la escuelita de doña María, en la calle Cabrales, ya no cabía un pobre más.
El padre Máximo se fue al ayuntamiento a hablar con el alcalde y el alcalde lo atendió y lo escuchó.
Y sería el propio don Paulino Vigón, quien les proporcionaría una vivienda, donde pudieran cobijarse aquellos niños cubiertos de necesidades que aquel sacerdote intentaba paliar.
Fue entonces que comenzó su verdadera misión, cuando a mediados de octubre de 1942 se abrió un comedor para niños abandonados en el bajo del salón de los Kostkas, en la calle Covadonga.
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