31/03/2025
Granada. No hay ciudad en España más poética ni más bella. En ella se entrelazan las historias de la mítica Alhambra, el palacio más bello del mundo, con la historia de Isabel, una reina de leyenda. Su inteligencia, espiritualidad y sentido se la justicia marcan también los dones hechos a esta ciudad que tantísimo amaba. El Sacromonte y el Albayzin, que son una Venecia popular, más pobre pero más viva, sin agua pero con el mismo encanto para deambular por sus calles. En cada esquina un hallazgo. De la belleza de lo humilde a la riqueza extraordinaria de la capilla real, que alberga un boticelli en su sacristía. Para chulos, nosotros. Y coronando todo las cumbres - ahora más nevadas que nunca- de Sierra Nevada. A Granada me fui, invitada por , de la mano de Fly me to the Moon, con un grupo de aguerridas y encantadoras periodistas a visitar la fábrica-museo de y hacer una “masterclass” de mesas con el hotel. Esta es la primera de las dos mesas que hicimos. La primera, de almuerzo, con ceramica de Fajalauza y verduras de Cristal y ceramica como guiño a la huerta De la Vega de Granada. Esa terraza, la compañia la simpatía y bien hacer del personal del hotel (no es qur te cuiden, te miman! ) han hecho de este fin de semana, perfecto. Digo verdad, mientras recito para mis adentros ese romance granadino que aprendimos en el colegio: “Abenamar, Abenamar, moro de la moreria, en día que tú naciste, grandes señales había: la mar estaba en calma, la luna estaba crecida; moro que en tal signo nace, no debe decir mentira”