18/12/2018
Se llamaba Laura
pero podría haber sido
Marta, Rocio, Elena o Isabel.
Se llamaba Laura
y no se llamaba Miguel.
Ni Carlos.
Ni Juan.
Ella se llamaba Laura
pero también se llamaba miedo.
Y Laura tenia una vida.
Tenía.
Y tenía sueños.
Tenía.
Era profesora.
Era artista.
Era mujer.
Era.
Se llamaba Laura
y probablemente se dejó un viaje pendiente,
un mensaje sin enviar,
o un abrazo que dar.
Se llamaba Laura
y después de su as*****to
también se llamaba Laura.
Y estaba sola.
Corriendo sin saber que huía.
En una calle
que ahora es cementerio,
que ahora es lamento.
En una tarde
que ahora es de noche.
Se llamaba Laura
y su asesino intentó quitarle el nombre.
Se llamaba Laura
y tan solo pido eso:
que nunca se apellide olvido.
Ella se llamaba Laura.
Y era mujer,
y no era hombre.
Como todas las anteriores.