11/06/2026
Hay cosas de una casa que se ven enseguida.
La luz.
Las vistas.
La cocina.
El baño que necesita una reforma urgente.
Y luego están las otras.
Las que no se ven.
Hace poco, en una vivienda en Tenerife, propusimos hacer un ensayo de radón antes de avanzar con la reforma.
El cliente nos miró raro, como es lógico.
Porque nadie se imagina que dos pequeños aparatos de plástico negro colocados en planta baja durante dos meses puedan ser importantes.
Pero lo son.
El radón es un gas radiactivo natural que viene del subsuelo.
No huele, no se ve y no avisa.
Y si una vivienda presenta niveles altos, protegerla puede suponer varios miles de euros.
En este caso, para una vivienda de 300 m², hablamos de una posible partida de entre 5.000 y 8.000 euros.
El cliente lo entendió rápido:
eso podía ser un viaje a Japón, media cocina o una partida invisible bajo el suelo.
Por suerte, el informe salió bien:
41 Bq/m³ y 34 Bq/m³, muy por debajo del nivel de referencia de 300 Bq/m³.
La casa seguía siendo buena.
Pero ahora lo sabíamos con datos.
Y eso cambia mucho.
Porque una vivienda no es solo lo que vemos.
También es lo que respiramos.
¿Sabías que este tipo de mediciones existían?