21/06/2020
Productividad y efectividad de los arquitectos
Los arquitectos nos vanagloriamos de nuestra capacidad de trabajo y de llegar a todo.
Es real. Estamos forjados en los fuegos de la Escuela con mil entregas, plazos imposibles, cargas de trabajo brutales y heroicidades.
La efectividad no va de esto. Va de hacer más con menos, de no poner en riesgo tu salud ni otras parcelas de tu existencia, de poder vivir con menos estrés y aun así tener un gran desempeño profesional.
Eso se consigue teniendo claros algunos principios fundamentales de la efectividad de las personas y estableciendo un sistema.
Por ejemplo, para evitar perder tu existencia en las redes sociales y la tecnología o pasar tanto tiempo gestionando el correo electrónico (o la web).
1.1 Principios fundamentales de la efectividad de los arquitectos
Por el tipo de actividad que llevamos a cabo, el trabajo siempre excede de nuestra capacidad para hacerlo. Tenemos el tiempo y la energía que tenemos.
El tiempo no podemos estirarlo, es constante. La energía puede variar un poco de persona a persona, pero es la que es. La clave está en la capacidad para utilizar esa energía de la mejor manera posible. En cómo gestionas la atención. Poder dedicarte a lo que debes dedicarte sin ninguna distracción externa ni interna marca una diferencia. Podemos llamar a esto eficiencia, es decir, trabajar bien.
Por otro lado, ya que siempre vamos a tener más tareas de las que podemos realizar nos conviene elegir muy bien cuáles ejecutamos y cuáles no. A esto lo llamamos eficacia, y consiste en hacer lo que toca. Lo que toca es lo que te va a acercar más a tus objetivos.
Un ejemplo de eficacia es eliminar el exceso de perfeccionismo, tan habitual en los arquitectos.
Ah, y ten claro que cuando te dedicas a algo dejas de dedicarte a otras cosas. Siempre existe un coste de oportunidad.
Al compendio equilibrado de eficiencia y eficacia lo llamamos efectividad.
El tiempo no podemos estirarlo, es constante. La energía puede variar un poco de persona a persona, pero es la que es. La clave está en la capacidad para utilizar esa energía de la mejor manera posible. En cómo gestionas la atención. Poder dedicarte a lo que debes dedicarte sin ninguna distracción externa ni interna marca una diferencia. Podemos llamar a esto eficiencia, es decir, trabajar bien.
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