27/01/2024
Naturaleza mu**ta resucitando (1963)
Esta fue la última pintura de Remedios Varo. Fue uno de sus cuadros más grandes y, a pesar de su aparente simpleza, uno de los más simbólicos.
Lo primero que llama la atención es que es de sus pocas obras en las que no se ven personajes humanos o antropomorfos. Esta vez decide hacer un homenaje a un clásico del arte: la naturaleza mu**ta o bodegón, que fueron muy populares durante el siglo XVI. Este tipo de pinturas servía para mostrar el dominio técnico del artista en relación a la luz, la composición y la capacidad de crear un retrato fiel de la realidad.
Frente a lo estático que resultaban estos cuadros, Varo decidió llenarlo de movimiento y dinamismo. Es interesante fijarse en el título, ya que escogió el gerundio resucitando, forma verbal que alude a un tiempo dinámico, es una acción que está ocurriendo.
También es importante mencionar que existe un trabajo numérico muy sutil dentro de la composición. El piso está conformado por 10 triángulos, dos símbolos clave, ya que el 10 se entiende como el número sagrado y perfecto, mientras que el 3 corresponde a la santísima trinidad y a la armonía. Además, hay una mesa redonda que hace referencia a lo cíclico y eterno. Allí se dispone una vajilla de ocho platos, número que refiere al infinito.
Alrededor, se pueden ver cuatro libélulas que giran al mismo ritmo. Pueden identificarse como signo de cambio y poseen una fuerte carga simbólica como mensajeras entre planos espirituales. De todas formas, la vela es el eje por el cual gira todo ese pequeño mundo. La crítica ha entendido que aquella luz es una representación de sí misma, pues se sitúa al centro de la creación, tal como la artista es capaz de imaginar mundos y plasmarlos en la tela.
Asimismo, se muestra un acto de magia en el que los objetos cobran vida propia y simulan el movimiento del cosmos, pues se pueden ver las frutas orbitando. Es como si nos mostrara la creación del universo, ya que hay una granada y una naranja que explotan y sus semillas se expanden. Por tanto, hace alusión al carácter cíclico de la existencia. Es decir, nada se destruye, sólo se transforma.