12/03/2026
Gran jefe, tomaré un tiempo.
Ha sido un honor coincidir en este camino y compartir jornadas de trabajo, ilusiones y también algunas de esas batallas silenciosas que acompañan a todo proyecto que aspira a cambiar algo de la realidad, llega un momento en que los caminos se bifurcan, no siempre porque falte voluntad, sino porque las circunstancias y a veces los hombres, especialmente los amigos deciden marchar en direcciones distintas.
A veces me siento nuevamente como cuando era niño y me sentaba en el muelle a mirar el horizonte, me habían dicho que venía un barco cargado de cosas valiosas, y lo esperaba con la esperanza sencilla de quien cree que cuando llegue habrá algo bueno para todos, lo vi acercarse lentamente, pero nunca se detuvo donde yo esperaba, pasó frente al puerto y siguió su rumbo hasta perderse en el horizonte.
Hoy siento que atravieso el desierto de Gedrosia, como en aquella travesía exigente que enfrentó Alejandro Magno, y en toda travesía dura llega el momento de reconocer cuándo seguir avanzando y cuándo detenerse para no marchar contra el viento y contra el destino mismo de las cosas.
Mi propósito siempre fue bueno, impulsar un nuevo modelo de administración capaz de integrar educación, salud, ecología forestal, arquitectura y formación de liderazgo social. Sembrar, si se me permite la palabra, mujeres y hombres con conciencia, con dignidad y con auténtica sustancia humana al servicio del bienestar colectivo.
A veces imagino, con una inevitable melancolía, lo que habríamos podido construir, comunidades más fuertes, familias con mejores horizontes y generaciones que habrían encontrado en este esfuerzo una razón para creer que las cosas pueden hacerse de otra manera.
Pero hoy debo hablar con franqueza,me encuentro cansado, no del ideal, sino del terreno donde ese ideal intenta abrirse paso, ya no percibo aquí el espacio necesario para sembrar lo que alguna vez imaginé, por ello considero prudente apartarme con respeto.
Quiero, sin embargo , dejar constancia de algo que no cambia, mi lealtad siempre irá del lado de las causas justas y de las personas que honran el respeto, la dignidad y el propósito, esa convicción no depende de cargos ni de momentos, pertenece al carácter de cada hombre.
Vendrán otros tiempos y otros hombres, tal vez dentro de veinte años, tal vez dentro de cien, tal vez alguien retome las semillas que hoy no pudieron sembrarse, porque las ideas que nacen del deseo sincero de servir no mueren simplemente esperan, en silencio, el momento en que la tierra esté lista para recibirlas.
Mi hermano, reciba un fuerte abrazo.