23/07/2021
Desde sus orígenes, el ser humano ha tenido la necesidad de resguardarse. Como seres vivos pertenecientes al reino animal, nos hemos visto en la constante búsqueda de un refugio, un escondite en donde sentirnos seguros, en dónde permanecer a salvo de depredadores y enemigos, así como de las inclemencias del clima. Esta madriguera ha ido evolucionando junto con nuestras necesidades. Hoy en día hemos construido un espacio al que podemos llamar hogar.
Una casa cualquiera, es un rompecabezas, en el que cada pieza cumple una función esencial. Aunque las piezas no son remplazables, ni son prescindibles, hay piezas que pueden fusionarse, trabajar juntas; por eso escuchamos de repente términos como sala-comedor, o las recámaras pueden ser compartidas entre varios habitantes, acudiendo a la flexibilidad de los espacios, pero manteniendo su función, como engranes de un reloj, intacta. Queda bastante clara la razón de ser de cada espacio, sea el destinado al mantenimiento de nuestra higiene y salud, nuestra privacidad o descanso, o la convivencia con nuestras amistades.
Pero todo este tiempo ha habido una pieza olvidada, un engrane que ha venido sobrando, que al armar nuestro reloj no hemos sabido encontrar su sitio ni su utilidad. Pocos han ido encontrando el verdadero valor que reside en esta pieza; su versatilidad y su amplio horizonte de posibilidades nos define lo que es: un comodín. La azotera es un espacio resultante de la construcción inminente de muros y una cubierta. Es un área que ahí está, no hay que construir algo adicional para obtenerla. Existe ya, eso es un hecho, de nosotros depende que la aprovechemos y la hagamos una pieza vital de nuestro rompecabezas, un oasis propio, un lugar de diversión o descanso, de convivencia o introspección.
Si hacemos una llamada a los pequeños de la casa, con un par de sillas y una sábana sabrán crear el ambiente perfecto para imaginar docenas de aventuras, transformando su edificación en una cueva, un castillo o un barco pirata. ¿Qué es lo único que se requiere? Creatividad.
Este ejemplo nos muestra que no necesitamos gastarnos todos los ahorros de nuestro retiro para obtener ese espacio que tanto anhelamos y que nos represente y complemente como deseamos. Con pocos o muchos recursos en las manos (y mentes) adecuadas, podrán surgir espacios cómodos, agradables, en dónde pasar un rato leyendo en una hamaca, oliendo el perfume de
flores, cosechando hortalizas entre el zumbido de insectos… o se podrá crear el ambiente perfecto para disfrutar con amigos una carnita asada y unas cervezas bajo las estrellas, o una cena romántica con velas y flores en compañía de esa persona especial.
No éramos conscientes de lo afortunados que somos al contar con esta área que puede ser fácilmente transformada en nuestro rincón favorito. Ahora que lo sabemos, es nuestra oportunidad de descubrir lo que podemos lograr con esta, nuestra pieza clave, nuestra azotea.